Desde una loma en Gatika, un pueblo de 1.600 habitantes a media hora en coche de Bilbao, se aprecian las cicatrices que dejó en el territorio la construcción en los años setenta de la infausta central nuclear de Lemóniz. Torres de alta tensión jalonan un paisaje verde salpicado de casitas que conviven con los cables de una instalación que nunca llegó a ponerse en marcha. Más de 40 años después de quedar abandonada, decenas de operarios se afanan ahora en la construcción de una nueva estación conversora al lado de la reformada subestación original. De aquí parte la interconexión energética que en 2028 unirá la península Ibérica con el resto de Europa. Una autopista eléctrica para conectar los sistemas eléctricos español y francés a través de dos enlaces de 400 kV desde Gatika hasta Cubnezais, cerca de Burdeos.
Es un proyecto ambicioso y complejo técnicamente, al ser un recorrido enteramente subterráneo y submarino por el golfo de Vizcaya. Pero también insuficiente para sacar de su aislamiento energético a la península Ibérica. La interconexión aumenta la capacidad de intercambio eléctrico de los actuales 2.800 a 5.000 megavatios, pero se queda muy lejos del mínimo exigido por Bruselas. “Para que el mercado interior de la energía sea realmente efectivo, la Comisión fijó unos objetivos del 10% para 2020 y el 15% para 2030. Y con esta interconexión apenas rozaremos el 5%”, reconoce Juan Prieto, director del proyecto, durante una visita a las obras en Gatika.
Harían falta, en fin, media docena de enlaces como este para equiparar a la península Ibérica con las hoy nutridísimas redes internacionales entre el resto de grandes economías del euro: Italia, Francia, Alemania y Países Bajos. Y una docena más si lo que se quiere es cumplir el objetivo fijado para finales de la presente década. El tupido mallado continental sigue y seguirá topándose con el muro pirenaico, dejando a la intemperie a España y Portugal cuando hay problemas. Una realidad que quedó particularmente patente el pasado 28 de abril, una fecha que quedará grabada a fuego en el imaginario colectivo: la del primer gran apagón de la historia de España y Portugal.

Fueron solo unas horas, casi todas diurnas, pero el inédito cero eléctrico sumió a ambos países en un extraño estado de caos e incertidumbre. Más de 50 millones de personas fueron, de golpe, conscientes de las mil y una implicaciones que tiene la pérdida del suministro. Que todo, absolutamente todo, depende de que haya luz. Que estamos mucho menos preparados de lo que pensamos ―y de lo que quieren las autoridades comunitarias, con su reciente kit de emergencia que muchos tomaron a guasa―. Que los apagones puede que no fueran solo cosa del pasado, como se creía: estos últimos días ha sido la República Checa la que ha probado esas hieles. Y que, pese a la ejemplar reacción de la ciudadanía, unas horas más de fundido a negro habrían empeorado y mucho las cosas. Solo la rápida reposición del servicio evitó males mayores.
El informe preliminar del Gobierno llegó a mediados de junio, mes y medio después del apagón, semanas antes de lo previsto y, también, tiempo después de lo que habría necesitado la opinión pública para atajar rumores y señalamientos. Sobre todo, al sector de las energías renovables, al que enseguida se cargó el sambenito de culpable.
Las conclusiones son, en síntesis, que hubo oscilaciones previas en la red eléctrica europea, que varios episodios de sobretensión derivaron en la desconexión masiva de plantas de generación y que Red Eléctrica de España (REE, el gestor del sistema) y las distribuidoras fallaron en los cortafuegos con los que se trata de encapsular un apagón para evitar que un fenómeno local acabe derivando en un desastre a escala binacional.
En lo político-empresarial, reparto de culpas entre REE y las eléctricas. En lo puramente técnico, un potente toque de atención y un reconocimiento implícito de que tanto las infraestructuras como la regulación iban varios pasos por detrás de la realidad. Solo así pueden interpretarse los dos movimientos más sonados del Gobierno desde entonces: una potente inyección de fondos para hacer más robusta la red y el anuncio de cambios importantes en los procedimientos de operación, el andamiaje normativo sobre el que descansa la operación diaria del mercado eléctrico.
Informes al margen ―aún están por conocerse los finales, muchos de ellos a escala comunitaria―, hay una tríada de conclusiones que se pueden esbozar sin temor a la equivocación, y que pueden ayudar a otros vecinos europeos que, como España y Portugal, tienen una alta penetración de energía eólica y solar en su matriz eléctrica. Alemania o Dinamarca, sin ir más lejos. La primera sobre la regulación técnica: estas fuentes de generación, aunque intermitentes por naturaleza, podrían estar aportando ya firmeza y control de tensión. No hay razón técnica para que no lo hagan. La segunda es que el almacenamiento ―con centrales hidroeléctricas de bombeo y, sobre todo, con baterías― es fundamental para apuntalar la transición segura hacia las fuentes verdes. La tercera, y quizá más evidente, que el apagón habría sido harto menos probable y duradero si la interconexión entre el sistema eléctrico ibérico y el del resto del continente fuese la que debería ser a estas alturas del partido.
La capacidad de los cables que conectan a la Península con sus vecinos del norte, allende los Pirineos, está anclada desde hace años en el 2,8% de la potencia de generación eléctrica instalada. Lejos, muy lejos, de las exigencias comunitarias. Las obras en marcha en el golfo de Vizcaya —que deberían estar listas en 2028, bastante más tarde de lo contemplado en un principio— elevarán sustancialmente esa cifra. Pero quedará, aún, a gran distancia del objetivo.
Una mole de hormigón encajada en un acantilado de la costa vizcaína es lo que queda de la fallida central nuclear de Lemóniz. En 2024 se cumplieron 40 años de su paralización definitiva. Fue en 1984, cuando el Gobierno de Felipe González dictó la moratoria de las nucleares, aunque el proyecto había resultado inviable años atrás por la confluencia del movimiento antinuclear y una feroz campaña de atentados de la banda terrorista ETA. Frente a los edificios comidos por la maleza se empezarán a tender el próximo verano los cables submarinos de la nueva interconexión. Un proyecto al que también ha habido oposición. El movimiento Interkonexio elektrikorik ez (No a la interconexión eléctrica) protesta contra la “autopista eléctrica” con marchas y carteles que pueden verse por Gatika y otros pueblos del norte de Vizcaya.
“Es prácticamente imposible desarrollar proyectos de este tipo sin que haya algún roce”, reconoce Antonio González Urquijo, delegado regional de Redeia en el País Vasco, que destaca que solo 13 parcelas han tenido que ser expropiadas, frente al 75% de acuerdos amistosos. “Esta infraestructura va a estar aquí décadas. Seremos vecinos, no queremos que sea algo impuesto”, añade Juan Prieto, director de la interconexión. Se estudiaron 12 posibles trazados en tierra hasta dar con el definitivo, de 13 kilómetros, que serpentea por pistas y caminos ya existentes para provocar la mínima afectación, explica Prieto, que subraya que además se retirarán las torres y los cables de alta tensión que se construyeron para Lemóniz.
No es casualidad que, aunque insuficiente, el de Gatika esté en la lista de proyectos de interés común (PCI, fundamentales para recibir financiación comunitaria), una categoría en la que también figuran las futuras tuberías llamadas a llevar el hidrógeno verde ibérico al resto del continente. En el caso de la interconexión eléctrica, acaba de conocerse, además, que recibirá 1.600 millones de euros de financiación del Banco Europeo de Inversiones (BEI). El objetivo, en palabras del comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, es que los ciudadanos europeos “tengan acceso a suministros limpios y estables, dondequiera que estén”.
“Hasta que no tengamos clara la secuencia de los acontecimientos, todo sigue siendo especulativo. Pero una mayor integración en el sistema continental debería haber actuado como un amortiguador para evitar el apagón”, apunta Georg Zachmann, analista del centro de estudios bruselense Bruegel. “En general, aumentar el tamaño del sistema con más integración regional debería haber actuado como amortiguador frente a choques internos que puedan hacer caer el sistema”. El experto alemán critica, además, la falta de claridad de los informes del Gobierno y de REE: “He intentado entenderlos, y aún me resulta difícil comprender qué ocurrió exactamente”.
Atención del resto de Europa
Son varias las capitales europeas que miran de reojo a la reunión anual que celebrará el ente que agrupa a los gestores de la red eléctrica del Viejo Continente, ENTSO-e. De esa cita debería emerger su informe oficial sobre lo ocurrido el 28 de abril. “Saldrán conclusiones adaptadas a las características de cada país, de su mix [de energías] y de sus redes”, anticipa José Luis Sancha, divulgador energético y profesor de ICAI, con una dilatada carrera en REE a sus espaldas.
Antes, sin embargo, son ya varios los temas que están “en el debate”, en palabras de Sancha. A saber: la mejora necesaria en la coordinación entre operadores, delimitar más claramente las responsabilidades y sanciones a cada agente en caso de incumplimiento de algún precepto, como ocurrió el día del gran apagón, empoderar al operador del sistema en su gestión de control del sistema y al regulador en su vigilancia del cumplimiento de las normativas… Y, como no, “mejorar y ampliar las interconexiones”.
González Urquijo pide no “entrar en hipótesis sobre qué hubiera sucedido” el 28 de abril de tener las interconexiones que exige la UE. “Lo que sí tenemos claro”, concede, "es que a mayor capacidad de interconexión la robustez del mallado sería mayor". La recuperación del suministro eléctrico se produjo a través de las interconexiones internacionales tanto con Francia como con Marruecos. “A mayor volumen de interconexiones, mayor agilidad en esa reposición del servicio”, añade.
La otra excepción ibérica
Parece otra era, pero fue anteayer. En junio de 2022, en plena crisis energética, España y Portugal lograron que Bruselas, siempre rigorista, permitiese una inédita excepción en el mercado eléctrico europeo: el mecanismo de fijación de precios sería, por una vez, distinto al del resto de Europa para sacar al gas de la ecuación. El argumento para conseguir esa vista gorda era la desconexión física del resto del continente: más que una Península, Iberia ―se decía con razón― es una ínsula. Tres años después y un histórico apagón mediante, sigue siendo así.
Aunque en público las autoridades francesas afirman estar comprometidas con aumentar la interconexión, los hechos desmienten las palabras. Una negativa en la práctica que ha llevado a los Gobiernos español y portugués a remitir dos cartas ―a París y a Bruselas― pidiendo “compromisos” concretos para elevar el flujo de electricidad a través de los Pirineos. “Aunque no se exprese públicamente, estos retrasos [de Francia] son coherentes con una estrategia francesa para evitar convertirse en un país de tránsito eléctrico: no quiere que los consumidores franceses paguen por líneas que principalmente benefician a consumidores de países vecinos”, desarrolla Zachmann.
Francia tampoco quiere exponer a su antaño todopoderosa nuclear ―es el país con más reactores de Europa y el segundo del mundo― a precios de la electricidad mucho más competitivos: en la mayor parte de horas y días, la eólica y la fotovoltaica ibéricas son notablemente más baratas que la atómica. Preservar, en definitiva, una ventaja competitiva artificial frente a la pujanza renovable. “La solución podría ser exigir al resto de socios [España y Portugal, que darían salida a sus excedentes exportando más; o Alemania, destino natural de esa electricidad barata en muchas jornadas] que contribuyan a los costes de tránsito en Francia”, zanja el especialista de Bruegel.
Comprender los pormenores del apagón español y sacar conclusiones de lo ocurrido se ha convertido en una preocupación continental. En especial, después de que ―aunque por motivos muy distintos― la República Checa sufriera un severo apagón el pasado 4 de julio y que en los Países Bajos se estén viendo obligados a aplicar medidas de racionamiento de la electricidad para evitar tensar aún más la red. Incluso antes de que se produjesen ambos sucesos, posteriores al cero eléctrico en la Península, las autoridades comunitarias ya habían iniciado varios procesos paralelos de indagación. Hoy, la urgencia de sacar lecciones y aplicarlas es aún mayor.
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Depuis une colline de Gatika, un village de 1.600 habitants situé à une demi-heure de route de Bilbao, on peut voir les cicatrices laissées sur le terrain par la construction, dans les années 1970, de la malheureuse centrale nucléaire de Lemóniz. Des pylônes à haute tension délimitent un paysage verdoyant parsemé de petites maisons qui coexistent avec les câbles d'une installation qui n'a jamais été mise en service. Plus de 40 ans après son abandon, des dizaines d'ouvriers travaillent aujourd'hui à la construction d'une nouvelle station de conversion à côté de la sous-station d'origine rénovée. C'est là que l'interconnexion énergétique reliera en 2028 la péninsule ibérique au reste de l'Europe. Il s'agit d'une autoroute électrique qui reliera les systèmes électriques espagnol et français par deux liaisons de 400 kV, de Gatika à Cubnezais, près de Bordeaux.
Il s'agit d'un projet ambitieux et techniquement complexe, puisqu'il s'agit d'un tracé entièrement souterrain et sous-marin à travers le golfe de Gascogne. Mais il est également insuffisant pour sortir la péninsule ibérique de son isolement énergétique. L'interconnexion fait passer la capacité d'échange d'électricité de 2 800 à 5 000 mégawatts, mais elle est loin d'atteindre le minimum requis par Bruxelles. "Pour que le marché intérieur de l'énergie soit réellement efficace, la Commission a fixé des objectifs de 10 % d'ici à 2020 et de 15 % d'ici à 2030. Et avec cette interconnexion, nous frôlerons à peine les 5 %", reconnaît Juan Prieto, le responsable du projet, lors d'une visite du chantier à Gatika.
En résumé, il faudrait une demi-douzaine de liaisons comme celle-ci pour mettre la péninsule ibérique au niveau des réseaux internationaux actuellement très étendus entre les autres grandes économies de l'euro : l'Italie, la France, l'Allemagne et les Pays-Bas. Et une douzaine de plus si l'on veut atteindre l'objectif fixé pour la fin de cette décennie. Le maillage dense du continent continue et continuera à se heurter au mur des Pyrénées, laissant l'Espagne et le Portugal à découvert en cas de problème. Cela a été particulièrement évident le 28 avril, une date qui restera gravée dans l'imaginaire collectif : celle de la première grande panne d'électricité de l'histoire de l'Espagne et du Portugal.

Elle n'a duré que quelques heures, principalement pendant la journée, mais cette panne sans précédent a plongé les deux pays dans un étrange état de chaos et d'incertitude. Plus de 50 millions de personnes ont soudain pris conscience des mille et une implications de la perte d'approvisionnement. Que tout, absolument tout, dépend de l'électricité. Que nous sommes bien moins préparés que nous le pensons et que les autorités européennes, avec leur récent kit d'urgence, veulent que nous le soyons. leur récent kit d'urgence que beaucoup considéraient comme acquis. Que les pannes d'électricité ne font peut-être pas partie du passé, comme on le pensait : ces derniers jours, c'est la République tchèque qui a goûté à ces difficultés. Et que, malgré la réaction exemplaire du public, quelques heures de panne supplémentaires auraient aggravé la situation. Seul le rétablissement rapide du service a permis d'éviter des dégâts plus importants.
Le rapport préliminaire du gouvernement est arrivé à la mi-juin, un mois et demi après la panne, des semaines plus tôt que prévu et aussi plus tard que ce dont le public aurait eu besoin pour faire cesser les rumeurs et les accusations. Surtout, le secteur des énergies renouvelables a été immédiatement accusé d'être le coupable.
Les conclusions sont, en résumé, qu'il y a eu des oscillations antérieures dans le réseau électrique européen, que plusieurs épisodes de surtension ont conduit à la déconnexion massive des centrales de production et que Red Eléctrica de España (REE, le gestionnaire du système) et les distributeurs ont échoué dans les pare-feux avec lesquels ils tentent d'encapsuler un black-out pour éviter qu'un phénomène local ne se transforme en une catastrophe binationale.
Sur le plan politico-économique, les responsabilités ont été réparties entre REE et les compagnies d'électricité. Sur le plan purement technique, il s'agit d'un puissant signal d'alarme et d'une reconnaissance implicite du fait que l'infrastructure et la réglementation ont plusieurs longueurs de retard sur la réalité. C'est la seule façon d'interpréter les deux mesures les plus importantes prises par le gouvernement depuis lors : une injection importante de fonds pour renforcer le réseau et l'annonce de changements majeurs dans les procédures d'exploitation, l'échafaudage réglementaire sur lequel repose le fonctionnement quotidien du marché de l'électricité.
Au-delà des rapports, dont on ne connaît pas encore les versions définitives, souvent au niveau de l'Union européenne, il y a un triptyque de conclusions que l'on peut esquisser sans crainte d'erreur et qui peut aider d'autres voisins européens, comme l'Espagne et le Portugal, qui ont une forte pénétration de l'éolien et du solaire dans leur matrice d'électricité. L'Allemagne et le Danemark, par exemple. Le premier concerne la régulation technique : ces sources de production, bien qu'intermittentes par nature, pourraient déjà assurer la fermeté et le contrôle de la tension. Il n'y a aucune raison technique pour qu'elles ne le fassent pas. La deuxième est que le stockage - avec l'hydroélectricité pompée et, surtout, les batteries - est essentiel pour assurer une transition sûre vers les sources vertes. La troisième, et peut-être la plus évidente, est que la panne aurait été beaucoup moins probable et moins longue si l'interconnexion entre le système électrique ibérique et celui du reste du continent était ce qu'elle devrait être à ce stade.
La capacité des câbles qui relient la péninsule ibérique à ses voisins du nord, au-delà des Pyrénées, est ancrée depuis des années à 2,8 % de la capacité installée de production d'électricité. Loin, très loin, des exigences de l'Union européenne. Les travaux en cours dans le golfe de Gascogne - qui devraient s'achever en 2028, bien plus tard que prévu à l'origine - permettront d'augmenter sensiblement ce chiffre. Mais on sera encore loin de l'objectif.
Une masse de béton coincée dans une falaise de la côte biscayenne est ce qui reste de la centrale nucléaire de Lemóniz, qui n'a pas fonctionné. L'année 2024 marque le 40e anniversaire de sa fermeture définitive. C'est en 1984 que le gouvernement de Felipe González a décrété un moratoire sur l'énergie nucléaire, bien que le projet se soit avéré irréalisable des années plus tôt en raison de la confluence du mouvement antinucléaire et d'une féroce campagne d'attentats menée par le groupe terroriste ETA. Devant les bâtiments envahis par la végétation, les câbles sous-marins de la nouvelle interconnexion seront posés l'été prochain. Ce projet a également suscité des oppositions. Le mouvement Interkonexio elektrikorik ez(Non à l'interconnexion électrique) proteste contre l'"autoroute de l'électricité" par des marches et des affiches que l'on peut voir à Gatika et dans d'autres villages du nord de la Biscaye.
"Il est pratiquement impossible de développer des projets de ce type sans quelques frictions", reconnaît Antonio González Urquijo, délégué régional de Redeia au Pays basque, qui souligne que seules 13 parcelles ont dû être expropriées, contre 75 % d'accords à l'amiable. "Cette infrastructure sera là pendant des décennies. Nous serons voisins, nous ne voulons pas que ce soit quelque chose d'imposé", ajoute Juan Prieto, directeur de l'interconnexion. Douze tracés terrestres possibles ont été étudiés jusqu'à ce que l'on trouve le tracé final, long de 13 kilomètres, qui serpente le long des chemins et des routes existants pour causer le moins d'impact possible, explique Prieto, qui souligne que les pylônes et les câbles à haute tension construits pour Lemóniz seront également enlevés.
Ce n'est pas un hasard si, bien qu'insuffisant, le projet Gatika figure sur la liste des projets d'intérêt commun (PCI, indispensables pour bénéficier d'un financement communautaire), une catégorie qui comprend également les futurs gazoducs qui permettront d'acheminer l'hydrogène vert de la péninsule ibérique vers le reste du continent.. En ce qui concerne l'interconnexion électrique, il vient d'être annoncé qu'elle bénéficiera d'un financement de 1,6 milliard d'euros de la part de la Banque européenne d'investissement (BEI). L'objectif, selon le commissaire européen à l'énergie, Dan Jorgensen, est que les citoyens européens "aient accès à un approvisionnement propre et stable, où qu'ils se trouvent".
"Tant que nous ne connaîtrons pas clairement la suite des événements, tout reste spéculatif. Mais une intégration plus poussée dans le système continental aurait dû servir de tampon pour éviter un black-out", note Georg Zachmann, analyste au sein du groupe de réflexion Bruegel à Bruxelles. "D'une manière générale, l'augmentation de la taille du système grâce à une plus grande intégration régionale aurait dû servir de tampon contre les chocs internes susceptibles d'entraîner l'effondrement du système. L'expert allemand critique également le manque de clarté des rapports du gouvernement et de l'ETR : "J'ai essayé de les comprendre, mais j'ai toujours du mal à comprendre exactement ce qui s'est passé.
L'attention du reste de l'Europe
Plusieurs capitales européennes attendent avec impatience la réunion annuelle de l'ENTSO-e, l'organisme qui réunit les gestionnaires de réseaux électriques du Vieux Continent. Cette réunion devrait produire son rapport officiel sur les événements du 28 avril. "Les conclusions seront adaptées aux caractéristiques de chaque pays, à son mix énergétique et à ses réseaux", anticipe José Luis Sancha, diffuseur d'énergie et professeur à l'ICAI, fort d'une longue carrière dans les ETR.
Mais avant cela, plusieurs questions sont déjà "dans le débat", selon M. Sancha. Il s'agit notamment de l'amélioration nécessaire de la coordination entre les opérateurs, de la délimitation plus claire des responsabilités et des sanctions pour chaque agent en cas de non-respect d'un précepte, comme cela s'est produit le jour de la grande panne, de la responsabilisation de l'opérateur du système dans sa gestion du contrôle du système et du régulateur dans son contrôle du respect de la réglementation... Et, bien sûr, de "l'amélioration et de l'extension des interconnexions".
González Urquijo demande de ne pas "entrer dans des hypothèses sur ce qui se serait passé" le 28 avril si les interconnexions exigées par l'UE avaient été en place. "Ce qui est clair pour nous", concède-t-il, "c'est que plus la capacité d'interconnexion est grande, plus le réseau est robuste". Le rétablissement de l'approvisionnement en électricité a été possible grâce aux interconnexions internationales avec la France et le Maroc. "Plus le volume d'interconnexions est important, plus la rapidité de rétablissement du service est grande", ajoute-t-il.
L'autre exception ibérique
On se croirait à une autre époque, mais c'était avant-hier. En juin 2022, en pleine crise énergétique, l'Espagne et le Portugal ont réussi à obtenir de Bruxelles, toujours rigoureuse, une exception sans précédent sur le marché de l'énergie. Une exception sans précédent sur le marché européen de l'électricité.Le mécanisme de tarification serait, pour une fois, différent de celui du reste de l'Europe afin d'exclure le gaz de l'équation. L'argument en faveur d'un tel aveuglement était la déconnexion physique avec le reste du continent : plus qu'une péninsule, l'Ibérie - disait-on à juste titre - est une île. Trois ans et un black-out historique plus tard, c'est toujours le cas.
Si, en public, les autorités françaises se disent attachées au renforcement de l'interconnexion, les faits démentent leurs propos. Un refus dans la pratique qui a conduit les gouvernements espagnol et portugais à envoyer deux lettres - à Paris et à Bruxelles - pour demander des "engagements" concrets en faveur de l'interconnexion. demandant des "engagements" concrets pour augmenter le flux d'électricité à travers les Pyrénées. à travers les Pyrénées. "Bien qu'ils ne soient pas exprimés publiquement, ces retards [de la France] sont cohérents avec la stratégie française visant à éviter de devenir un pays de transit de l'électricité : elle ne veut pas que les consommateurs français paient pour des lignes qui profitent principalement aux consommateurs des pays voisins", explique M. Zachmann.
La France ne veut pas non plus exposer son énergie nucléaire, autrefois toute puissante - elle est le pays qui possède le plus grand nombre de réacteurs en Europe et le deuxième au monde - à des prix de l'électricité beaucoup plus compétitifs : à la plupart des heures et des jours, l'énergie éolienne et photovoltaïque ibérique est nettement moins chère que l'énergie atomique. En somme, préserver un avantage concurrentiel artificiel face à l'essor des énergies renouvelables. "La solution pourrait être d'exiger que les autres partenaires [l'Espagne et le Portugal, qui écouleraient leurs excédents en exportant davantage, ou l'Allemagne, destination naturelle de cette électricité bon marché pendant de nombreux jours] contribuent aux coûts de transit en France", explique le spécialiste de Bruegel.
Comprendre les détails de la panne espagnole et tirer des conclusions de ce qui s'est passé est devenu une préoccupation continentale. D'autant plus que la République tchèque, bien que pour des raisons très différentes, a subi une grave panne le 4 juillet et que les Pays-Bas ont été contraints de mettre en œuvre des mesures de rationnement de l'électricité pour éviter de solliciter davantage le réseau. Avant même ces deux événements, qui ont suivi la panne d'électricité sur le continent, les autorités de l'UE avaient déjà lancé plusieurs procédures d'enquête parallèles. Aujourd'hui, l'urgence de tirer des leçons et de les appliquer est encore plus grande.