Cocaine trafficking is skyrocketing in Europe

The cocaine market generates over €11.6 billion annually in Europe, with more than six million consumers, and drug seizures are reaching record highs across the EU. EL PAÍS traces the trail for ChatEurope of one of the planet’s most lucrative illegal substances.

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Juan se sienta en la mesa de su cocina, abre una lata de cerveza y muestra el último mensaje que le ha enviado su dealer por WhatsApp: un vídeo de apenas unos segundos del paquete de cocaína que le acaba de llegar y que solo se puede ver una vez antes de que se borre automáticamente. La vende a 50 euros el gramo. Si se lleva tres, le hacen un precio especial de 100 euros. Ni siquiera tiene que salir de casa. Si quiere comprar, el vendedor estará en su puerta a más tardar en una hora o antes, si está cerca. “Es muy fácil”, explica este español de 46 años, que vive en Bruselas desde hace más de una década y que habla bajo la condición de que no se revele su nombre real.

Aunque el trapicheo es un secreto a voces en las calles de la capital belga, hoy hay más opciones que nunca para pillar: desde los métodos tradicionales hasta sitios de la dark web y chats privados en aplicaciones de mensajería, que ofrecen el “menú del día” con servicio a domicilio y promociones para comprar cocaína y otras drogas. “Pero todo el mundo tiene coca, es lo más común, lo más popular”, afirma. “Es una droga sin clase social, lo que cambia es la forma de consumir. Los pudientes la esnifan, y la gente que tiene problemas de adicción o de dinero se pasa a la jeringuilla o al crack”, añade Juan. “Se ha normalizado bastante”.

Nunca se ha producido ni consumido tanta cocaína en el mundo como ahora. Hay al menos 25 millones de consumidores, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés). De ellos, unos seis millones viven en Europa, casi el doble que hace 20 años. En su último informe anual, publicado este año y basado en datos de 2023, se documenta también un aumento sin precedentes en la producción del narcótico, que superó las 3.700 toneladas, cuatro veces más que hace una década. La coca es ya “la droga ilícita con mayor crecimiento de mercado”, afirma la agencia de la ONU.

Zona de la estación central de Amberes, uno de los epicentros del contrabando de droga en Bélgica, el 20 de noviembre.

Zona de la estación central de Amberes, uno de los epicentros del contrabando de droga en Bélgica, el 20 de noviembre. LAIA ROS

Desde el inicio de la guerra contra las drogas en la década de los setenta, el epicentro mundial de la cocaína ha estado en América. Tres países andinos —Colombia, Bolivia y Perú— han concentrado la producción de la hoja de coca, los poderosos carteles mexicanos y colombianos han controlado las rutas de tráfico y la demanda insaciable ha convertido a Estados Unidos en el mayor mercado. Pero esa imagen está cambiando.

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Fuente: UNODC / EL PAÍS

En la última década, más países —como Ecuador, Brasil o Panamá— han emergido como nodos clave del trasiego mundial, más grupos buscan un lugar en un mapa criminal cada vez más disputado y la mercancía llega más lejos, a través de rutas y métodos de contrabando que antes parecían insólitos. “El mercado se ha globalizado como probablemente ninguna otra droga lo ha hecho antes”, afirma Sebastián Cutrona, coautor de Cocaína: El alcance global de la droga más lucrativa del planeta.

El endurecimiento de los controles en América, la fragmentación de los grandes carteles y la saturación del mercado estadounidense han obligado a los traficantes a adaptarse, señala. “Ha habido un impacto no deseado de la militarización de la guerra contra las drogas en Latinoamérica, y Europa está pagando las consecuencias”, zanja Cutrona, que relaciona el auge en el viejo continente, en parte, como un efecto colateral de lo que pasa al otro lado del Atlántico y con el atractivo económico del mercado. Mientras en Colombia un kilo del narcótico ronda los 1.400 dólares (1.200 euros), en Europa central y occidental el precio promedio al por mayor es de unos 39.000 dólares, según la UNODC.

En plena expansión mundial, las incautaciones de cocaína en Europa han batido su récord por séptimo año consecutivo, según la EUDA, la agencia antinarcóticos de la UE, con la incautación de 419 toneladas. Y los decomisos en la región han superado a las cantidades confiscadas en Norteamérica por quinto año seguido, afirma la UNODC, que ve a los países del centro y occidente del continente como el “nuevo destino principal” de la droga.

Antoine Vella, investigador de la UNODC, matiza que si bien todavía hay indicadores que ponen a Norteamérica por delante, ya se puede afirmar que el mercado europeo “está a la par” en cuanto al número absoluto de consumidores, las incautaciones y la pureza de la droga. Mientras la sustancia viaja miles de kilómetros para inundar las calles de las ciudades europeas, la cocaína mueve cada año más de 11.600 millones de euros en el continente, según estima la EUDA.

“La capital europea de la coca”

Entre 2019 y 2024, Bélgica se ha incautado de más de 500 toneladas de cocaína, más que cualquier otro país europeo. Casi el 90% se confiscó en el puerto de Amberes, la mayor puerta de entrada de la droga en Europa, a solo unos 45 kilómetros de Bruselas. Hay dos rutas principales por las que la droga atraviesa el Atlántico: directamente desde Centro y Sudamérica o haciendo escala en África occidental. El pasado 30 de noviembre se decomisaron, por ejemplo, 2,8 toneladas escondidas en un cargamento de harina de yuca proveniente de Ghana.

En la segunda terminal portuaria más grande del continente, el zumbido profundo de los barcos es constante y el viento cala en los huesos cuando corre con fuerza por el estuario del río Escalda. El puerto es una ciudad dentro de otra ciudad, un coloso compuesto de canales, puentes, grúas y muelles interminables, que se extiende por casi 150 kilómetros cuadrados y mueve más de 14 millones de contenedores cada año.

De ese tamaño es el reto de frenar el tráfico ilegal, admite Jacques Vandermeiren, consejero delegado del puerto. “Para inspeccionar todos necesitaríamos revisar ocho contenedores por minuto, los 365 días del año, día y noche. Es imposible”, afirma. Aunque la UNODC advierte de que menos del 2% de los contenedores en el mundo pasan por inspecciones, Vandermeiren asegura que en Amberes la cifra oscila entre el 10% y el 15% para los cargamentos que vienen de Sudamérica.

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Zona del puerto de Amberes, el 4 de agosto. OLIVIER HOSLET (EFE)

Se estima que más del 90% de la cocaína que llega a Europa lo hace por vía marítima. Los traficantes ven en el puerto de Amberes un paraíso para desarrollar sus negocios por sus infraestructuras modernas, sus conexiones a más de 800 destinos y su cercanía con Países Bajos, Alemania, Francia y el Reino Unido.

La ciudad de medio millón de habitantes, famosa durante siglos por el comercio de diamantes, lleva años en combate permanente contra el crimen organizado. “Somos la capital europea de la coca”, dice con cierto dejo de cinismo el encargado de un bar. “Está por todas partes, es más fácil y rápido conseguir drogas que pedir una pizza”, agrega el dueño de un restaurante en los alrededores de la estación central de trenes, uno de los epicentros del narcomenudeo. Ambos piden que no se revelen sus nombres por temor a represalias.

Una de las mayores huellas del impacto de la droga está varios metros bajo tierra, en el alcantarillado, un testigo silencioso de los altos niveles de consumo. Amberes es la ciudad de la UE con la mayor concentración de rastros de cocaína en sus aguas residuales, según el último estudio anual del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías.

Memorias de un traficante

Aunque nació en Países Bajos, Paul Meyer se jacta de conocer el puerto como la palma de su mano. “La cocaína es un mundo completamente diferente porque hay mucho dinero de por medio”, asegura el antiguo jefe de la banda de los 700 millones, llamada así por la cantidad de dinero que amasó gracias al tráfico ilegal de todo tipo de productos.

“Lo más importante es saber cómo funciona el sistema y usar la lógica”, afirma el traficante, que operó durante 15 años en Amberes. “Si quieres meter grandes cantidades de cocaína en un cargamento de tomates, por ejemplo, tienes que tener la información correcta de cuánto pesa un contenedor de tomates, cuántas cajas hay dentro, cuánto cuesta, de qué país vienen y hacer lo mismo que el tipo que lleva 10 años importando tomates”, explica Meyer, detenido en 2007 en Tailandia y autor de Memorias de un maestro contrabandista, un libro que publicó tras purgar una condena de siete años en Bélgica.

Meyer utilizaba todo tipo de métodos para esconder la droga, desde espejos de fondo falso y troncos huecos de madera hasta rollos de tela asfáltica. La confianza y la reputación son conceptos clave en los negocios criminales. También la corrupción y los contactos dentro del puerto: “Teníamos gente en la aduana o trabajadores a quienes les dábamos algo a cambio de información”. Si no había imprevistos, “un cargamento tardaba entre 21 y 28 días en llegar” desde Sudamérica.

Dinero fácil

La lista de modos de tráfico acaba hasta donde llega la imaginación de los criminales. La droga entra en los puertos europeos escondida en todo tipo de productos, camuflada en la estructura de los contenedores o de los barcos y traída en lanchas rápidas, botes hinchables o semisumergibles.

Pero las consecuencias de la cadena de suministro asoman constantemente a la superficie. “En Amberes, la violencia está muy relacionada con el puerto”, explica An Berger, portavoz de la Policía Federal de Bélgica. Los ataques con bombas y los tiroteos se han vuelto cada vez más comunes. A diferencia de Bruselas, donde se libra una batalla por el territorio, aquí los criminales concentran sus esfuerzos en amenazar a quienes se niegan a colaborar y castigar a quienes hablan con las autoridades. También en delatarse: disparan a las casas de sus enemigos para dar pistas a la Policía de dónde se trafica o se llevan a cabo negocios ilegales.

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La portavoz de la Policía Federal de Bélgica, An Berger, en Amberes, el 20 de noviembre. LAIA ROS

“También utilizan cada vez más a menores de edad para cometer actos violentos”, señala Berger. El reclutamiento de jóvenes ha puesto en alerta a las autoridades belgas, son utilizados como camellos o recolectores de drogas en el puerto. “Tenemos a chicos de 14 o 15 años trapicheando o sacando drogas de los contenedores, es alarmante”, cuenta la abogada Chantal van den Bosch, que ha representado a decenas de ellos. El menor de sus clientes tenía 13 años cuando lo detuvieron.

“Al principio piensan que es dinero fácil, pero no son conscientes de las consecuencias y una vez que están dentro es muy difícil salir porque los amenazan o intimidan a sus familias”, afirma Van den Bosch. A veces les ofrecen una Playstation, otras un teléfono, un patinete o dinero. Un narcomenudista puede ganar unos 10 euros por cada pedido entregado, de acuerdo con la abogada. Algunos recolectores aseguran, en cambio, que les pagan miles de euros por cada contenedor que descargan, cuenta Berger.

Los menores, reclutados principalmente en Países Bajos y Bélgica, son blancos predilectos para los criminales porque son fácilmente reemplazables y porque no van a la cárcel cuando son atrapados, sino a reformatorios. “Cuando detienen a uno, hay otros 10 esperando o dispuestos a hacer lo mismo”, lamenta Van den Bosch. En 2024 fueron arrestados 100 recolectores de drogas en el puerto de Amberes, 16 de ellos menores. Este año ya van más de 200 detenidos, 40 de menos de 18 años, de acuerdo con la Policía.

Redes de tráfico

Tan solo en las fronteras de la UE operan más de 440 organizaciones dedicadas al narcotráfico, de acuerdo con Europol. Los grupos que tienen más peso en el tráfico de cocaína provienen de Albania, Bélgica, Países Bajos, Italia y España, según la institución. Las redes albanesas han ganado notoriedad en los últimos años. Estuvieron detrás de un cargamento de 12 toneladas incautado en Amberes en 2020, el mayor en la historia del puerto.

“Se han convertido en los grandes mayoristas del mercado europeo, le venden a la Mocro Maffia, a los holandeses, a los rusos…”, afirma Fatjona Mejdini, investigadora de Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. Pese a las cantidades masivas que mueven los grupos albaneses, es raro que participen más de 10 personas en las operaciones de tráfico, asegura.

La especialista explica que no funcionan como los grandes carteles ni como estructuras fijas. Son redes flexibles y pragmáticas, formadas por células pequeñas e independientes que se especializan en distintos eslabones de la cadena de trasiego. Mejdini agrega que las redes albanesas suelen tener una política de colaboración y no confrontación con otras organizaciones criminales. “Saben que hay grupos mucho más grandes que ellos”, señala. “Y que la sangre y la ostentación atraen la atención de la Policía”. Su presencia está documentada desde hace tres décadas en países como Bélgica y Ecuador, que se han erigido como piezas clave del tráfico global. El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, aseguró en marzo pasado que el 70% de la cocaína del mundo sale por su país.

El gato y el ratón

El año pasado, las incautaciones de cocaína en Bélgica se desplomaron hasta las 44 toneladas, un 65% menos que en 2023. “No quiere decir que las drogas hayan dejado de llegar”, afirma Berger y recuerda que el precio se ha mantenido estable, lo que apunta a que la oferta no se ha visto trastocada y a una posible diversificación de las rutas. “Los traficantes siempre intentarán encontrar nuevas formas de importarlas a Bélgica y Europa, pueden tratar de usar aeropuertos u otros puertos, incluso buscar otras formas de entrar en el puerto de Amberes”.

Martin Norell, del Servicio de Aduanas sueco, asegura que el endurecimiento de los controles en los puertos principales de las rutas del narcotráfico, como Amberes o Róterdam, ha provocado un efecto de contagio en otros países europeos. “Cuando aumentamos la seguridad, los traficantes se fueron a Noruega y cuando se incrementó la vigilancia ahí, regresaron a Suecia”, lamenta Norell. “Es el juego del gato y el ratón”.

El año pasado, Suecia interceptó un cargamento con 1,4 toneladas, el mayor de su historia y suficiente para que toda su población adulta pudiera consumir una raya de coca. Norell reconoce que los oficiales de aduanas no dan abasto. “Somos solo 550 uniformados para todo el país”. Consciente de que el crimen no conoce fronteras, la Comisión Europea acaba de presentar esta semana un nuevo plan de combate al crimen organizado para los próximos cinco años, que enfatiza la colaboración y la coordinación entre los países miembros.

El alcance del tráfico ha abierto el debate sobre si Bélgica se ha convertido en un narcoestado y sobre si la legalización puede ser una solución, aunque es una puerta que el Gobierno de Bart de Wever no está dispuesto a abrir. “Me parece una ilusión legalizar aquí e ignorar que es un fenómeno global”, argumenta Annelies Verlinden, la ministra de Justicia belga.

Berger cree que las leyes de la oferta y la demanda mundiales marcan la lucha del país contra el narcotráfico. “Nunca podremos resolver el problema, a no ser que todo el mundo deje de consumir cocaína”, sentencia. “Y el problema es que muchísima gente la consume en Europa”. Juan cuestiona, en cambio, si sigue teniendo sentido la prohibición y la llamada guerra contra las drogas. “No tendríamos todos estos problemas si no fuera ilegal”, afirma al caer la noche en Bruselas.

 

 

John sits at his kitchen table, opens a can of beer and shows the latest message sent to him by his dealer via WhatsApp: a video of just a few seconds of the packet of cocaine which has just arrived and which can only be viewed once before it is automatically deleted. He sells it for 50 euros a gram. If he takes three, he gets a special price of 100 euros. You don't even have to leave the house. If you want to buy, the seller will be at your door within an hour at the latest, or sooner if he is nearby. "It's very easy," explains the 46-year-old Spaniard, who has lived in Brussels for more than a decade and who speaks on condition of anonymity.

Although dealing is an open secret on the streets of the Belgian capital, today there are more options than ever to get caught: from traditional methods to dark web sites and private chats on messaging apps, offering a 'menu of the day' with delivery service and promotions to buy cocaine and other drugs. "But everyone has coke, it's the most common, the most popular," he says. "It is a drug without social class, what changes is the way it is consumed. The wealthy snort it, and people who have addiction or money problems switch to syringes or crack", adds Juan. "It has become quite normalised.

There has never been as much cocaine produced and consumed in the world as there is now. There are at least 25 million users, according to the United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). Of these, some six million live in Europe, almost twice as many as 20 years ago. In its latest annual reportpublished this year and based on data from 2023, it also documents an unprecedented increase in production of the narcotic, which surpassed 3,700 tonnes, four times more than a decade ago. Cocaine is already "the illicit drug with the fastest growing market", says the UN agency.

Zona de la estación central de Amberes, uno de los epicentros del contrabando de droga en Bélgica, el 20 de noviembre.

Area of Antwerp's central station, one of the epicentres of drug smuggling in Belgium, on 20 November. LAIA ROS

Since the beginning of the the war on drugs in the 1970s, the world's cocaine epicentre has been in the Americas. Three Andean countries - Colombia, Bolivia and Peru - have concentrated coca leaf production, the Mexican and Colombian cartels have controlled trafficking routes, and insatiable demand has made the United States the largest market. But that image is changing.

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Source: UNODC / EL PAÍS

In the last decade, more countries - such as EcuadorBrazil and Panama - have emerged as key nodes of global trafficking, more groups are looking for a place on an increasingly contested criminal map, and the drug reaches further, via routes and smuggling methods that once seemed unheard of. "The market has globalised like probably no other drug has before," says Sebastian Cutrona, co-author of Cocaine: The Global Reach of the World's Most Lucrative Drug.

Tighter controls in the Americas, the fragmentation of the big cartels and the saturation of the US market have forced traffickers to adapt, he says. "There has been an unintended impact of the militarisation of the war on drugs in Latin America, and Europe is paying the consequences," says Cutrona, who relates the boom in the old continent partly as a collateral effect of what is happening on the other side of the Atlantic and the economic attractiveness of the market. While in Colombia a kilo of the drug costs around 1,400 dollars (1,200 euros), in Central and Western Europe the average wholesale price is around 39,000 dollars, according to the UNODC.

In the midst of a global expansion, cocaine seizures in Europe have broken their record for the seventh year in a row, according to the the EUDAthe EU's anti-narcotics agency, with the seizure of 419 tonnes. And seizures in the region have exceeded the quantities seized in North America for the fifth year in a row, says the UNODC, which sees countries in the centre and west of the continent as the "new main destination" for the drug.

UNODC researcher Antoine Vella qualifies that while there are still indicators that put North America ahead, it can already be said that the European market "is on a par" in terms of the absolute number of users, seizures and purity of the drug. While the substance travels thousands of kilometres to flood the streets of European cities, cocaine is worth more than 11.6 billion euros a year on the continent, according to EUDA estimates.

"The cocaine capital of Europe"

Between 2019 and 2024, Belgium has seized more than 500 tonnes of cocaine, more than any other European country. Almost 90 per cent was seized in the port of Antwerp, Europe's largest gateway for the drug, just 45 kilometres from Brussels. There are two main routes by which the drug crosses the Atlantic: directly from Central and South America or via West Africa. On 30 November last year, for example, 2.8 tonnes were seized hidden in a shipment of cassava flour from Ghana.

In the continent's second largest port terminal, the deep hum of ships is constant and the wind is bone chilling as it rushes hard across the Scheldt estuary. The port is a city within a city, a colossus of canals, bridges, cranes and endless quays, stretching over almost 150 square kilometres and handling more than 14 million containers every year.

That is the size of the challenge to curb illegal traffic, admits Jacques Vandermeiren, CEO of the port. "To inspect them all we would need to check eight containers per minute, 365 days a year, day and night. It's impossible," he says. While the UNODC warns that less than 2% of the world's containers are inspected, Vandermeiren says that in Antwerp the figure is between 10% and 15% for cargo coming from South America.

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Antwerp port area on 4 August. OLIVIER HOSLET (EFE)

It is estimated that more than 90% of the cocaine arriving in Europe arrives by sea.. Traffickers see the port of Antwerp as a haven for their business because of its modern infrastructure, its connections to more than 800 destinations and its proximity to the Netherlands, Germany, France and the United Kingdom.

The city of half a million inhabitants, famous for centuries for the diamond trade, has been in a permanent battle against organised crime for years. "We are the cocaine capital of Europe," says a bar manager with a hint of cynicism. "It's everywhere, it's easier and quicker to get drugs than ordering a pizza," adds the owner of a restaurant near the central train station, one of the epicentres of drug dealing. Both ask that their names be withheld for fear of reprisals.

One of the biggest traces of the drug's impact is several metres underground, in the sewage system, a silent witness to the high levels of consumption. Antwerp is the EU city with the highest concentration of traces of cocaine in its sewage, according to the latest annual study by the European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction.

Memoirs of a trafficker

Although he was born in the Netherlands, Paul Meyer boasts that he knows the port like the back of his hand. "Cocaine is a completely different world because there is a lot of money involved," says the former head of the 700 million gang, so called because of the amount of money he amassed through the illegal trafficking of all kinds of products.

"The most important thing is to know how the system works and to use logic," says the trafficker, who operated for 15 years in Antwerp. "If you want to put large quantities of cocaine in a shipment of tomatoes, for example, you have to have the right information about how much a container of tomatoes weighs, how many boxes are inside, how much it costs, what country they come from and do the same as the guy who has been importing tomatoes for 10 years," explains Meyer, who was arrested in 2007 in Thailand and is the author of Memoirs of a Master Smuggler, a book he published after serving a seven-year sentence in Belgium.

Meyer used all sorts of methods to hide the drugs, from false-bottom mirrors and hollow wooden logs to rolls of tarpaulin. Trust and reputation are key concepts in criminal business. So are corruption and contacts within the port: "We had people in customs or workers to whom we gave something in exchange for information". If there were no unforeseen events, "it took 21 to 28 days for a shipment to arrive" from South America.

Easy money

The list of trafficking methods goes as far as the criminals' imagination can take them. Drugs enter European ports hidden in all kinds of products, camouflaged in the structure of containers or ships and brought in on speedboats, inflatable boats or semi-submersibles.

But the consequences of the supply chain are constantly surfacing. "In Antwerp, violence is closely linked to the port," explains An Berger, spokesman for the Belgian Federal Police. Bomb attacks and shootings have become increasingly common. Unlike in Brussels, where there is a battle for territory, criminals here concentrate their efforts on threatening those who refuse to cooperate and punishing those who talk to the authorities. They also focus on snitching: shooting at the houses of their enemies to give clues to the police as to where trafficking or illegal business is taking place.

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Belgian Federal Police spokesperson An Berger in Antwerp on 20 November. LAIA ROS

"They are also increasingly using minors to commit violent acts," says Berger. The recruitment of young people has put the Belgian authorities on alert, they are used as drug collectors in the port. "We have 14 or 15 year olds dealing or taking drugs out of containers, it's alarming," says lawyer Chantal van den Bosch, who has represented dozens of them. The youngest of her clients was 13 when he was arrested.

"At first they think it is easy money, but they are not aware of the consequences and once they are inside it is very difficult to get out because they are threatened or their families are intimidated," says van den Bosch. Sometimes they are offered a Playstation, sometimes a phone, a scooter or money. A drug dealer can earn about 10 euros for each order delivered, according to the lawyer. Some collectors, on the other hand, say they are paid thousands of euros for each container they unload, says Berger.

Minors, recruited mainly in the Netherlands and Belgium, are favourite targets for criminals because they are easily replaceable and because they do not go to prison when they are caught, but to reform schools. "When they arrest one, there are 10 others waiting or willing to do the same," Van den Bosch laments. In 2024, 100 drug pickers were arrested in the port of Antwerp, 16 of them minors. This year already more than 200 have been arrested, 40 of them under 18, according to the police.

Trafficking networks

According to Europol, there are more than 440 drug trafficking organisations operating on EU borders alone. The groups that are most active in cocaine trafficking are from AlbaniaBelgium, the Netherlands, Italy and Spain, according to Europol. Albanian networks have gained notoriety in recent years. They were behind a 12-tonne shipment seized in Antwerp in 2020, the largest in the port's history.

"They have become the big wholesalers in the European market, they sell to the Mocro Maffia, to the Dutch, to the Russians...", says Fatjona Mejdini, researcher at the Global Initiative against Transnational Organised Crime. Despite the massive amounts that Albanian groups move, it is rare for more than 10 people to be involved in trafficking operations, she says.

The specialist explains that they do not operate like the big cartels or as fixed structures. They are flexible and pragmatic networks, made up of small, independent cells that specialise in different links in the trafficking chain. Mejdini adds that Albanian networks tend to have a policy of collaboration rather than confrontation with other criminal organisations. "They know that there are groups much bigger than them," he says. "And that blood and ostentation attract the attention of the police. Their presence has been documented for three decades in countries such as Belgium and Ecuador, which have emerged as key players in global trafficking. Ecuadorian President Daniel Noboa claimed last March that 70 per cent of the world's cocaine leaves through his country.

Cat and mouse

Last year, cocaine seizures in Belgium plummeted to 44 tonnes, 65% less than in 2023. "This does not mean that the drugs have stopped arriving," says Berger, pointing out that the price has remained stable, suggesting that supply has not been disrupted and that there is a possible diversification of routes. "Traffickers will always try to find new ways to import into Belgium and Europe, they may try to use airports or other ports, they may even look for other ways to enter the port of Antwerp.

Martin Norell of the Swedish Customs Service says that the tightening of controls in the main ports of the drug trafficking routes, such as Antwerp or Rotterdam, has caused a contagion effect in other European countries. "When we increased security, the traffickers went to Norway and when we increased surveillance there, they went back to Sweden," Norell laments. "It's a cat and mouse game."

Last year, Sweden intercepted a shipment of 1.4 tonnes, the largest in its history and enough for its entire adult population to consume a stripe of coca. Norell acknowledges that customs officers are stretched thin. "There are only 550 uniformed officers for the whole country. Aware that crime knows no borders, the European Commission this week unveiled a new five-year plan to combat organised crime that emphasises collaboration and coordination between member states.

The extent of trafficking has opened up the debate on whether Belgium has become a narco-state and whether legalisation could be a solution, although it is a door that Bart de Wever's government is unwilling to open. "I think it is an illusion to legalise here and ignore the fact that it is a global phenomenon," argues Annelies Verlinden, the Belgian justice minister.

Berger believes that the laws of global supply and demand shape the country's fight against drug trafficking. "We will never be able to solve the problem unless everyone stops using cocaine," he says. "And the problem is that so many people use it in Europe. Juan, on the other hand, questions whether prohibition and the so-called war on drugs still make sense. "We wouldn't have all these problems if it wasn't illegal," he says as night falls in Brussels.